Different Paths: Struggles on the French Camino to Santiago de Compostela
Esta historia para mí es difícil de contar. Pero la cuento para tratar de tener algo de claridad sobre el emprendimiento y sobre mi relación con mi hermano, para revivir una experiencia que, a pesar de los conflictos y la confusión, atesoro.
“‘¡David! ¡Hagamos el Camino!’
Me conmovió Inmediatamente la emoción en la voz de Ricardo, sobrevolando unas 2500 millas desde su casa en el centro de México hasta la mía en las afueras de Washington, DC.”
26 de septiembre, día que Ricardo describe en sus notas como “uno de los más lindos de mi vida”. Nos levantamos a tiempo para el amanecer, nuestros espíritus inequívocamente en ascenso también. Una fotografía nos muestra con amplias sonrisas, abrasados, nuestras mochilas firmemente en nuestras espaldas. Estábamos listos para partir, subiendo hacia el oeste por los Pirineos en un día templado y soleado, el campo empinado y boscoso dando paso a colinas abiertas y páramos, con vistas hacia el verde rico de los valles más abajo.
A medida que nos acercábamos gradualmente a la frontera entre Francia y España, fuimes entretenidos, apropiadamente, con la actuación de un border collie. Estaba pastoreando cientos de ovejas con una velocidad y agilidad que le permitían correr de un lado a otro del grupo, asegurándose de que ninguno de sus encargos se desviara. La masa de color blanco grisáceo se movió como una sola ola, fluyendo en respuesta al perro como si de su hocico saliera una varita mágica, empujando invisiblemente a esas ovejas en dirección a pastos más frescos.
Los peregrinos, con el tirón del propio Camino, no necesitábamos que ningún animal juguetón nos pisara los talones. El proceso de selección natural nos había ordenado en una sola fila, los más rápidos de los más lentos, y, con la cabeza gacha en concentración, perdidos en nuestros propios pensamientos, continuamos nuestro ascenso. Al leer sobre la ruta en la guía, me había sentido intimidado por el desafío de casi 1.300 metros verticales desde St. Jean Pied de Port hasta el Col de Lepoender, pero el acercamiento a la frontera resultó tan gradual que cruzar a España fue casi como una sorpresa. Luego descendimos entre bosques de hayas, manejando con mucho cuidado el descenso sobre piedras resbaladizas que podrían causar una torcedura de tobillo o una pierna rota, el final de la peregrinación antes de que tuviéramos la oportunidad de comenzar.
26 de septiembre de 2013. Saliendo de St. Jean Pied de Port.
Remojando un pie dolorido en el Rio Urrobi, Roncesvalles
Saliendo de Roncesvalles
El festival Mini San Fermín en Pamplona
Cruzando el Alto del Perdón
Refrescando mis pies en Uterga
1 de octubre. Mi fiesta sorpresiva de cumpleaños en Lorca
Vino gratis en Irache, saliendo de Estella
Viana. "Quedémonos aquí, David. Esta es una gran ciudad".
Un buen puro
Logroño, reencuentro con el viejo amigo hospitalero Tomás Manero
El regalo de Nájera: la fiesta de Carlos Espinoza, la poesía de Jaime Albelda
Nuestro acuerdo: cada uno marcaría su propio paso
Cena con Acacio y Orietta, el suyo uno de los mejores albergues de cualquier Camino
Cena con Christina, Jennifer y Michael en el Albergue San Rafael de Agés
Burgos
Cena de peregrinos en el Alfar de Hornillos
Santi calienta su orujo
Este peregrino estaba haciendo el Camino con maratones diarios, para completarlo en menos de 20 días
La gracia típica de Ricardo, una copa de vino para recibirme en Hontanas
La vista hacia el oriente desde lo alto del castillo de Castrojeriz
En una meseta saliendo de Castrojeriz
La rutina diaria para calmar un tendón dolorido
Canal de Castilla
David Machin en su peregrinación: Canterbury, Santiago de Compostela, Roma, Jerusalén
La Cerverzería, Carrión de los Condes
Una línea de espera de peregrinos fuera de un albergue
Haciendo el Camino descalzo por una causa
Sahagún, a la mitad del camino a Santiago
Sopa castellana con un Tinto Fino de Ribera del Duero
Un hermoso tramo de 20 kilómetros de soledad al acercarnos a León
Pepe Cruz nombra los vinos disponibles en su Vinos Grifo en León, una de las mejores paradas del Camino
Día de mercado en León
León
Mincho y esposa en su Albergue Verde en Hospital de Órbigo
Otro David, éste en su ermita casera en un tramo solitario acercándose a Astorga
Cruz de Ferro
Descansando ese tendón dolorido
Un refugio único en Manjarín
Paz y soledad en el bien llamado Hotel Paraíso del Bierzo en Herrerías
O Cebreiro
La estatua de un peregrino me da la bienvenida a Galicia
Los valles y las montañas de Galicia
Las ricas laderas verdes de Galicia
Alguien tenía sentido del humor.
El Albergue del Monasterio de Somos
Un descanso en Sarria: con los 114 kilómetros a pie desde aquí te dan una compostela
Pulpería Ezequiel, Melide
Jim, Carlos, Ricardo y Miguel saliendo de Sarria
Ribadiso
El último día en el Camino
Pino, cuatro horas más hasta Santiago
El recuerdo de un peregrino
Celebraciones de la Praza do Obradoiro
Misa de peregrinos en la catedral
Jim, Miguel, Luis, Carlos y Ricardo en Palas de Rei
Con compañeros españoles del Camino, en fila para conseguir nuestras compostelas.
Luna casi llena el 15 de noviembre de 2013
Celebrando con un plato de calamares en O Boteco
Peregrinos amontonados ante la catedral.
Ana López me desea lo mejor en mi viaje a Finisterre
El camino al occidente de Santiago
Finisterre me recibe al atardecer
El fin del mundo
Un destino bien merecido para mis calcetines, un incendio en las rocas al final de Finisterre
Una despedida en el Mar de Fora
Reunido con Ricardo en Santiago
La pose clásica
Celebrando con Jacques y Maria Celia en Barcelona
“¿Hiciste el Camino?”, preguntó.
“Sí.”
“¿Todo? ¿Desde St. Jean?”
"Sí", dije, y no pude contener las lágrimas. Le pregunté su nombre. Ana López.
Me dio un abrazo.
“Lo he hecho yo también, muchas veces. Y puedo ver que lo entiendes. Eres un verdadero peregrino.”
Con eso, partí para Finisterre, el "fin del mundo".
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