Into Galicia

En mi paseo por el tramo Lisboa-Oporto del Caminho Portugués en 2016 me encontré con más del siglo XXI de lo que hubiera preferido del siglo XV, demasiado poco de la camaradería de otros peregrinos que tanto había disfrutado en otros paseos. Pero a medida que seguí hacia el norte, empecé a encontrar lo suficiente de los orígenes del Caminho para querer conocer más. Así que regresé en 2017 para intentar completar la ruta más allá de Oporto, y encontré exactamente lo que había buscado el año anterior.


‘¿Por qué haces el Camino?’, preguntó ella, no con incredulidad, como parecen hacer algunos, sino con sincera curiosidad, quizás para ayudar a comprender su propia motivación. Así que traté de responder, pero me tropecé con demasiadas explicaciones: el desafío, la aventura, la cultura, la historia, la soledad, la comunidad, las amistades que se desarrollan a partir de esas largas peregrinaciones. Más tarde se me ocurrió que podría haberlo dejado así no más: de hecho, son las relaciones que uno forma en el Camino las que pueden convertirlo en una experiencia excepcional.
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Mi paseo por el tramo Lisboa-Oporto del Caminho Portugués me había impactado. Si no, ¿por qué quería tanto contar la historia y por qué quería regresar?

Sin duda porque quería terminar lo que había empezado, descubrir el norte de Portugal y luego cruzar a una parte de Galicia que no conocía y llegar a Santiago de Compostela por esa ruta. Pero también porque recordé cómo mis experiencias más duras fueron compensadas por las más placenteras, y las dos complementándose, equilibrándose: como cuando las largas caminatas bajo un calor intenso luego se aliviaban con una ducha refrescante, una cerveza fría, una rica comida y un sueño profundo, y horas de soledad en un sendero con muy pocos acompañantes de repente fueron iluminadas por el cordial saludo de una mujer descalza de 83 años que trabajaba en su campo de coles, cómo la ansiedad de abrirme paso entre el ruido y el peligro de las carreteras podía pasar paulatinamente a la tranquilidad y seguridad de un camino rural en un bosque de pinos, y un complejo comercial o industrial, indistinguible de cualquiera que pudiera haber encontrado en casa, se desvanecía al entrar al centro histórico de un pueblo que conservaba parte de la cultura y las costumbres del Portugal de hace siglos.


“Lo que importa en el Camino no es lo que uno ha hecho a lo largo de la vida, sino lo que uno está haciendo ahora, en este momento, y por qué. Así el Camino te libera. Y te une. Te une a quienes han compartido la experiencia del Camino y marca momentos en tu vida que nunca olvidarás”.

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